La niña está en un rincón oscuro,
su corazón se encuentra en estos momentos muy turbio,
no sabe que hará su carcelera con ella,
pues por ser demasiado buena ha cometido una imprudencia.
Tiene el alma hecha trizas,
no sabe ya que decir,
le da igual su destino,
pues lo aceptará con atino.
Le duele el corazón y el alma,
pues sabe que esta noche puede ser la más temida o la más esperada,
nadie está ahí para tenderle la mano,
se ha quedado sola en medio del cruel antaño.
Sabe que esta noche no va a ser como otras,
sabe que posiblemente su pequeña alma se destroce,
y cuando no quede nada de su ser,
sabe que en un pájaro volverá a renacer.
Ella la ha matado,
es ella quien tiene que ser culpable,
la joven niña sabía donde se metía,
y cuando firmó aquel contrato sabía que con la muerte litigaría.
El horror que tiene en su mirada no puede ser comparado,
pues ese horror es el más puro miedo a lo pasado,
no tiene ganas de perecer todavía,
pero siente que no tiene otra salida.
La malvada bruja se acerca a la pobre niña,
¡corre niña Alba! -Le gritaban los seres que en la noche vivían,
¡corre pues no es tu hora! -Decían en voz en grito,
pero la duce niña seguía con su sueño y el engendro en esa noche su alma deshizo.
Cuentan los ancianos que desde entonces,
el engendro vaga por las inmundicias del mundo y su alma llena de dolor,
asusta a todo el que vean sus horribles ojos y así no puede haber alguien que la quiera,
y es justo pues no se puede matar a un Dios y seguir sin más con su existencia.
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