miércoles, 21 de marzo de 2012

Animalitos heridos



Desde niña se había acostumbrado a estar sola. En esa soledad, una de sus aficiones era soñar pero otra, mucho más fuerte, y que se había acentuado con los años, era coger a aquellos animalillos que tenían una patita mal, o alguna herida y curarlos.

Siempre se repetía la misma historia, cogía un pajarito que tenía una pata herida o un ala dañada y lo llevaba consigo. 

Lo ayudaba a curarse, mientras jugaba con él, reía con él y soñaba con él. Esos momentos eran totalmente felices para la niña.

Tardaban poco o mucho en sanar, pero siempre, cuando el pajarillo se curaba, este tarde o temprano extendía sus alas, y echaba a volar sin mirar atrás.

Ella, todavía hoy, sigue curando pajarillos, con la esperanza, de que alguno le esté tan agradecido, que decida con ella por siempre estar.

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