Dedicado a mi pequeño, mi Kulivszk.
Érase una vez una comadreja, que iba andando por parajes fríos y oscuros. Ocurriósele que en esos parajes, podría haber malhechores, y por eso, llevaba consigo una daga, para defenderse.
Era tal el miedo de la comadreja, que cuando apareció un señor con un bigote de broma, que casualmente se llamaba Kulivszk, le clavó la daga en el corazón. Pero al darse de cuenta de su error, empezó a llorar, y poco a poco las heridas que había provocado en el chico se habían curado.
Entonces, la comadreja le preguntó:
- ¿Cómo es que te has curado?
- Eres una comadreja y probablemente no lo entiendas. Pero una doncella, Ichiinou, me está esperando al otro lado del país, y no puedo defraudarla, andaré todo lo que haga falta, pero llegaré junto a ella, para poder abrazarla.
En ese momento, la comadreja se dio de cuenta, de que el chico estaba perdidamente enamorado de la doncella. Y vio, como en su daga, ya no había rastro de sangre.
Cuando se dio de cuenta, tampoco había rastro del chico.
Entonces, la comadreja siguió andando. Y vio a un anciano. Este le dijo:
- No deberías deambular por aquí, incauta comadreja.
- ¿Por qué dice eso?
- Porque se dice, que por este bosque están perdidos, los dos enamorados malditos.
- ¿Quién son ellos?
- Cuenta la leyenda, que ambos, no podían estar juntos, porque sus familias no le dejaban y ambos eran pobres. Entonces, un día se fugaron de sus respectivos hogares, y vinieron a vivir a este bosque. Tan desafortunados eran, que una noche de tormenta, mientras permanecían abrazados dentro de una choza que habían creado, un rayo los alcanzó y los mató al momento.
- ¿Qué aspecto tienen?
- Nadie lo sabe, pero responden al nombre de Ichiinou y de Kulivszk.
Entonces, la comadreja sintió pena por aquel pobre viajero misterioso que se había encontrado.
- Estaban juntos, pero como su destino es estar separados, deambulan por siempre en este bosque uno en busca del otro, por toda la eternidad.
Unos nacen con suerte, otros nacen destinados a buscarla toda su vida.
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